Desaprendiendo, desenseñando…

con el equilibrio justo para no dejar que nadie te quiera menos de lo que te quieres tú,

con la elegancia suficiente para no dejarte llevar por las modas de los “ahora”,

con la imperfección por bandera,

desechando la palabra “sin” del diccionario, como principio de frase,

cuidando tu diálogo interno,

porque la verdadera dificultad es superar lo que piensas de ti,

que el mejor halago que te pueden hacer consiste en alabar tus defectos, que es lo que te hace diferente al resto,

porque el verdadero milagro de la vida está en vivirla

taL

y

como eres.