Producto interior bruto…

ese que está acurrucado en las neuronas de nuestras cabezas,

aquel que salta en la cama elástica entre cada una de las sístoles y diástoles,

el que no pasa por filtros, ni está editado,

todas y cada una de las paLabras que están dentro de la primera taza de café de la mañana… pero que todavía no hemos pronunciado,

ese que a veces late en la boca y se convierte en gemido,

aquel que no disimula su precio,

el sentido de la sensibiLidad en ropa interior,

todos y cada uno de los abrazos imaginarios que estamos deseando dar,

los tratados de paz que te propones al amanecer.

Producto interior bruto…

el brillo del aLma sin interruptor de apagado,

el descanso de las apariencias,

ese sitio donde la libertad…

no depende del miedo.

El entusiasmo…

de hacer el amor a cada acción que te propones.

El entusiamo…

de quedarte en el porque sí, porque también.

El entusiasmo…

de reírte de tu sombra.

El entusiasmo…

de las ganas de tener ganas.

El entusiasmo…

de creer en lo que no cree nadie que serás capaz de hacer.

El entusiasmo…

de las casualidades cuando son bonitas.

El entusiasmo…

de la música al encontrarse con alguien cantando su canción.

El entusiasmo…

de conseguir un sueño y agradecerte no haberte rendido nunca.

Tócala otra vez Sam*…

para que siempre nos quede París,

para que los viejos tiempos suenen a nuevos,

para que sea normal volverse a ver en notas musicales,

para que el amor nunca deje de ser un clásico,

para que nos convirtamos en un par de versos que consiguen ser poema,

para que sea el momento de dejar la vida pasar y comenzar a caminar por ella,

para que me sepas a cercanía en tiempos de distancia,

para que la risa le haga la guerra a los silencios,

para que no seas para tanto…seas para demasiado,

para que nunca olvidemos que lo importante…

siempre debe ser lo más importante.

*”Casablanca”, uno de los grandes clásicos de la cinematografía, celebra este año su 70 aniversario asimilado en la cultura popular como el romance por excelencia en tiempos de guerra y gracias a frases memorables como “Tócala otra vez, Sam”, que, curiosamente, nunca se pronunció.

La película de 1942, protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Berman, dejó como legado una serie de expresiones para el recuerdo que el imaginario colectivo hizo suyas hasta el punto de integrarlas en el lenguaje y tener una identidad ajena a la trama del filme.

Es el caso de “Siempre nos quedará París”, que se emplea como un dicho para aludir a los buenos momentos vividos y que Rick (Bogart) dice a Ilsa (Bergman) antes de despedirse de ella, su amor imposible y con la que tuvo una relación en la capital francesa.

Algo similar ocurre con “Louis, creo que éste es el principio de una bonita amistad” , línea de Bogart que cierra “Casablanca” y con la que su personaje acepta una propuesta para dejar atrás la ciudad marroquí y pasar página en su vida.

El Instituto Americano del cine (AFI) cita seis veces a “Casablanca” en su listado de mejores frases del cine, entre las cuales figura la icónica secuencia del piano en torno a la canción “As Time Goes By”. Contrariamente a lo que se cree, en los diálogos de los protagonistas con Sam, el pianista interpretado por Dooley Wilson, nunca se dice “Tócala otra vez, Sam”, sino “Tócala, Sam”.

En dos momentos diferentes del filme los protagonistas, cada uno por separado, le piden el tema al músico. Primero el personaje de Bergman en una secuencia en la que ella ruega al artista que cante la canción “por los viejos tiempos”. “Tócala, Sam. Toca ‘As Time Goes By'”, dice Ilsa, que finalmente logra que el pianista entone el tema hasta que Rick les interrumpe.

Posteriormente, es un Bogart sombrío quien alterado le exige que interprete de nuevo la canción. “La tocaste para ella, la puedes tocar para mí”, dice Rick, aunque Sam se niega en un primer instante. “Si ella pudo soportarlo, yo puedo. ¡Tócala!”, ordena alterado Rick, que se calma a medida que suenan las primeras notas.

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El verbo amar se conjuga en recíproco…

para poder medir en risas el tiempo a su lado,

para bailar en el salón sin música de fondo,

para preparar café por la mañana con puñados de azúcar de la marca “pasa buen día”,

para poder ver el vaso medio lleno, y que los “ahoras” sean un brindis,

para hundirme en sus abrazos,

para lloverse a mares,

para echar raíces en el mismo tiesto,

para crecer por dentro,

para amar…

y poder sentirte vulnerabLe,

para que te amen…

y sentirte invencibLe.

Haz un cuento con tu mirada…

que tus ojos brillen hasta deslumbrar finales,

que si has de llorar sea en coLores,

que tu vida sea tan sencilla como extraordinaria,

que en el mundo en el que te inventes haya más gente cuidando lo que quiere,

que en tu mesita de noche se encienda la luz en una cajita música con el mar adentro,

que te amen siempre con ganas de quedarse,

que pinten tu vida con tu lápiz preferido,

que te ataquen con sonrisas y que te puedas rendir con carcajadas,

que lo más bonito que te digan al despertar… sea un

“creo en ti”

y en todos tus érase una vez.

Mami, ¿que es la paz?

-Algo así como pactar con lo que no, y sonreír a lo que sí.