¡Escucha!

¡Escucha!

como si fuera tu canción favorita,

mantente en silencio mientras te hablan,

-pon atención-

porque casi nada es lo que parece, casi siempre es lo que es,

y si no te paras a escuchar, no sabes,

y si no sabes, no puedes actuar,

y si no actúas, no te arriesgas,

y sino te arriesgas, no te equivocas,

y sino te equivocas, no aprendes,

y si no aprendes, no creces.

Escucha…

pon a funcionar tu empatía,

siembra con tu presencia lo que con toda seguridad recogerás cuando más lo necesites.

Escucha lo que te tengan que contar,

aunque suene barroco, aunque esté decorado en exceso, aunque parezca aburrido a priori, las palabras bien entendidas siempre suman, nunca restan.

Escucha…

a tu corazón,

a tu mente,

a tus instintos más primarios,

a las intuiciones,

a tus locuras más locas,

a tus corduras más cuerdas.

Escucha…

los “noes”,

los “síes”,

los “tal vez”,

no interpretes,

-sólo escucha-

a veces las palabras no buscan respuestas, sino solamente un “estoy” sin pronunciarlo.

Escucha, escucha, escucha, escucha, escucha…

hasta que de tanto escuchar…

te conviertas en voz.

 

cantar más fuerte

“Que nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz”.
Madre Teresa de Calcuta.

Te sientes perdido porque intentas encontrarte en los demás. Te olvidas de que a la persona más interesante que puedes conocer es a ti mismo. Cuando empieces a escucharte de verdad empezarás a enfocarte y da igual las veces que te caigas cuando no esperas una mano amiga que te levante, solo busca tu propia mano, ¡es ahí!.Las personas en general somos egoístas y pesimistas por naturaleza y la sociedad no siempre ayuda a tomar buenas decisiones. Deja de buscar amor fuera, deja de buscar aprobación en las palabras de los demás y recuerda que todo el mundo opina sobre tu vida, pero sólo son eso opiniones, no dejes que te influyan más que la tuya propia. Escucha y quédate con lo que sume, con lo que te haga crecer, con lo que te anime a continuar tus sueños. Cree en ti, en tu yo de antes, en las decisiones que tomaste. ¡A la mierda con tus costumbres! cambia lo que tengas que cambiar, piensa que no hay reglas, que las reglas las pones tú, porque eres tú el que no se tiene que fallar cumpliéndolas. La última conversación que tuvimos, mientras me escuchabas, entendí. Tú eras un desconocido… pero en tus ojos vi que creías en mi, reflejabas en tus silencios que yo podía ser capaz de todo lo que quisiera… y ¡ufff! me dije a mí misma… ¿cómo alguien que casi ni me conoce ha sido capaz de reflejarme tan bonito y yo misma no me lo creo? Y desde entonces estoy en un camino en el que disfruto de mí misma, no sé si más feliz, pero sí más consciente, más serena, y ¡joder! ¡es brutal! Evidentemente es un camino largo y solitario a veces, pero da igual porque la soledad es elegida no obligada y ¿largo..?, depende, prefiero la calidad que la cantidad y eso me hace sentirme más en paz conmigo misma aunque nada sea perfecto.

Gracias por escucharme, y con ello hacerme alzar la voz.”

Silvia Hernández.

Whatsapp. Domingo, cinco de Diciembre de dos mil diecinueve. Ocho de la mañana.